Cecilia Suárez Loch es Ingeniera Civil Industrial, madre de tres hijos y una mujer que encarna la fortaleza, la resiliencia y el amor incondicional. Su historia está profundamente marcada por su hija mayor, Raffaela, quien nació con Síndrome Cri Du Chat, una condición poco frecuente que transformó su manera de mirar la vida. Junto a su esposo y sus hijos, forman una familia unida, aventurera y llena de propósito, donde cada desafío se convierte en una oportunidad para crecer.
Desde su ingreso a Clínica Alemana en 2013, ha recorrido un camino de desarrollo profesional que hoy la encuentra como Subgerente de Planificación y Proyectos de Personas, rol que ejerce con pasión, cercanía y una mirada profundamente humana. En esta entrevista, Cecilia comparte sus aprendizajes, su visión del liderazgo y el valor de vivir con sentido, equilibrio y alegría.
- Cecilia, eres Ingeniera Civil Industrial, madre de tres hijos y trabajas en un rol de gran responsabilidad. ¿Cómo ha sido el camino para equilibrar tus múltiples facetas —profesional, madre y esposa— sin perder el foco en lo que te inspira cada día?
El camino ha sido un proceso de aprendizaje constante, marcado por la dedicación, el amor y la flexibilidad. Cada papel es una parte fundamental en mi vida que se nutre y complementa con los otros. Esto presenta desafíos que he sabido enfrentar con resiliencia y organización.
Ser mamá de tres, y una de ellas con discapacidad, requiere una entrega muy especial y una gran fortaleza emocional. He aprendido a gestionar tiempos y emociones, priorizando el bienestar de mis hijos y adaptándome. Siempre he contado con el apoyo de mi jefatura, que ha entendido mis necesidades particulares.
En mi faceta profesional, me encanta lo que hago, eso me moviliza y ha desarrollado en mí disciplina y habilidades de gestión. Sé poner en la balanza la necesidad del momento y pedir apoyo cuando se requiere. El equipo que te rodea en todo sentido —familiar, amigos, compañeros de trabajo, jefaturas— es clave para avanzar.
Mi clave es: organización con prioridades claras, pedir y aceptar apoyo cuando se necesita y cuidar de mí misma para estar plena en cada rol, viviendo cada faceta de mi vida con pasión, alegría y valor.
- Tu hija, Raffaela, tiene Síndrome Cri Du Chat, una condición poco frecuente que requiere amor, dedicación y resiliencia. ¿Qué aprendizajes te ha dejado acompañarla en su desarrollo y cómo ha transformado tu manera de ver la vida y el trabajo?
Acompañar a Raffi me ha enseñado paciencia, resiliencia y una empatía mucho más profunda hacia las diferencias y desafíos de la vida. He aprendido a valorar cada avance con esperanza y a desarrollar una capacidad constante de adaptación y lucha por su bienestar.
Sin duda, soy lo que soy por ella, y somos la familia que somos por ella. Hoy valoro la diversidad, priorizo lo esencial y celebro cada logro. Disfruto mucho el presente y quiero llenarme de vivencias hoy, no mañana, porque nunca sé lo que viene más adelante. Cada día es un nuevo desafío que recibo con entereza junto a mi marido, quien ha sido un pilar fundamental en mi vida.
Este aprendizaje también se refleja en el ámbito laboral: me ha enseñado a liderar con compasión, a entender las necesidades de los demás y a crear ambientes más inclusivos y flexibles.
- Nos contabas que como familia son muy unidos y aventureros, que disfrutan viajar y compartir tiempo juntos. ¿Qué representa para ti la familia y cómo logran mantener esa conexión en medio de las exigencias diarias?
Mi familia es mi mejor creación, mi núcleo fundamental, mi fuerza y motivación. Es el espacio donde encuentro apoyo incondicional y donde cada desafío se transforma en una oportunidad para crecer juntos.
Doy gracias cada día por mis hijos: con ellos lo paso increíble, me río, conversamos, y me doy espacios individuales con cada uno. Esa conexión es mi recarga emocional. Mi familia es mi motor, el que alimenta y nutre todas las otras áreas de mi vida.
- Ingresaste a Clínica Alemana en 2013 y hoy, más de una década después, lideras como Subgerente de Planificación y Proyectos de Personas. ¿Qué hitos destacarías en tu recorrido dentro de la organización y qué aprendizajes te han marcado en este camino?
No es fácil elegir, pero sin duda lo que más me enorgullece es haber construido un equipo de trabajo que me encanta. Funcionamos bien, nos respetamos, nos apoyamos, y puedo contar con ellos en los momentos difíciles o ante imprevistos.
Mi mejor reconocimiento es verlos felices de venir a trabajar. Con ellos, el equilibrio entre la vida personal y laboral es posible.
Mi lema es aprender de los errores; los veo como una oportunidad valiosa para crecer. Fomento un ambiente de confianza donde los errores no se castiguen, sino que se analicen para mejorar.
He aprendido a valorar el trabajo en equipo, el equilibrio entre objetivos y bienestar, y he crecido mucho gracias a mis jefaturas, que han sido un apoyo clave en estos años.
- Has mencionado que te encanta participar en todo lo que puedes. ¿Qué te motiva a involucrarte activamente en distintos proyectos y cómo crees que esa actitud aporta a la cultura de Clínica Alemana?
Sí, me encanta participar y conectarme con personas de todas las áreas y cargos. Creo firmemente que eso me enriquece como persona y profesional, y probablemente esa convicción me llevó a trabajar en el área de Personas.
Me gusta lograr cercanía, conocer a los demás por su nombre, entender sus realidades y valorar las diferencias. Estoy convencida de que eso multiplica la eficiencia y la humanidad en el trabajo.
Mientras más gente conozco, más fácil y significativo se vuelve mi trabajo, porque comprender distintas perspectivas facilita la comunicación, la resolución de conflictos y el trabajo interdisciplinario. Así soy también en mi vida personal: cercana, curiosa y abierta.
- Desde tu rol en la Gerencia de Personas, ¿cómo visualizas el futuro del trabajo y cuáles crees que son los principales desafíos para seguir fortaleciendo una cultura organizacional humana y colaborativa?
Veo un futuro del trabajo marcado por la tecnología y la inteligencia artificial, que permitirá optimizar procesos y tiempos. Al mismo tiempo, surgirán generaciones más exigentes, que buscarán mayor flexibilidad y propósito.
Esto implicará un gran desafío: equilibrar lo humano con lo digital. Las organizaciones deberán lograr que personas y tecnología crezcan juntas, reforzando la confianza, la cohesión y el sentido de pertenencia.
El desafío será mantener una cultura que ponga en el centro la colaboración, la empatía y la inclusión, promoviendo entornos donde la innovación y el bienestar convivan en armonía.
- Las experiencias personales muchas veces influyen en nuestro liderazgo. ¿Cómo crees que tu historia familiar ha influido en tu manera de liderar equipos y gestionar proyectos en la Clínica?
Mi historia familiar me ha desarrollado una profunda empatía, paciencia y resiliencia. Eso me permite entender las distintas realidades y necesidades de las personas, valorar la diversidad y crear espacios de trabajo respetuosos.
Busco que todos se sientan escuchados, apoyados y motivados a contribuir desde su propio lugar. Creo que liderar es acompañar y facilitar, no solo dirigir.
- Eres parte de la comunidad Somos Únicas que promueve el crecimiento y bienestar integral de las mujeres. ¿Qué significa para ti ser parte de esta red y cómo te inspira a seguir creciendo personal y profesionalmente?
Me encanta ser parte de esta red, donde cada historia y cada mirada se transforma en una fuente de inspiración mutua. Es sentir que no estamos solas, que compartimos desafíos similares y que podemos acompañarnos.
Cada conversación y encuentro me recuerda que el desarrollo no es un camino solitario. Cuando nos apoyamos entre mujeres, crecemos más fuertes, más seguras y con un propósito más claro, tanto en lo personal como en lo profesional.
