Una reflexión sobre el perfeccionismo silencioso que muchas mujeres cargamos, incluso después de haberlo logrado todo
En la comunidad Somos Únicas, sabemos que muchas de nosotras hemos llegado lejos gracias a nuestra preparación, esfuerzo y compromiso. Somos mujeres que estudian, que se capacitan, que se reinventan una y otra vez. Pero a veces, en ese camino de constante crecimiento, se nos olvida algo esencial: que también merecemos reconocernos, detenernos y disfrutar lo que ya somos.
Porque sí, estar preparada es una fortaleza. Pero cuando esa preparación viene impulsada por una voz interior que susurra “todavía no es suficiente”, puede convertirse en una trampa. El perfeccionismo muchas veces se disfraza de excelencia, cuando en realidad es una forma de duda. Nos hace sentir que necesitamos otra certificación, otra experiencia, otro logro… para recién ahí permitirnos levantar la voz, postular a ese cargo o simplemente sentirnos seguras.
Lo llamamos “síndrome de la impostora”, pero en realidad es mucho más común de lo que pensamos. Es esa sensación de estar ocupando un lugar que no nos pertenece del todo, a pesar de tener todo para estar ahí.
Este no es un llamado a dejar de prepararse. Al contrario: la formación y el aprendizaje continuo son fundamentales. Pero también lo es saber que no necesitas seguir probando tu valor todo el tiempo. Que puedes habitar tus logros con calma, con orgullo, sin sentir que te falta algo más.
Estás aquí porque lo mereces. No porque eres perfecta, sino porque eres capaz, comprometida y auténtica.
Y eso —te lo recordamos hoy— ya es más que suficiente.
