Para Karen Von Schwedler, la comunicación nunca ha sido solo una herramienta técnica. Periodista y relacionadora pública, con más de 15 años de experiencia, su camino profesional ha ido evolucionando desde el marketing y la comunicación digital hacia un rol profundamente vinculado al impacto social, la sostenibilidad y el compromiso comunitario.
Hoy, como Líder de Compromiso Social en la Dirección de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de Clínica Alemana de Santiago, Karen articula alianzas entre el mundo público y privado para contribuir a disminuir listas de espera y mejorar el acceso a la salud. Su relato es el de una mujer que se atrevió a cuestionar, a salir de la zona de confort y a construir un camino coherente entre lo que hace, lo que cree y lo que sueña aportar.
1. Tu carrera combina comunicación estratégica, sostenibilidad y compromiso social. ¿Qué te motivó a orientar tu trabajo hacia el impacto comunitario y cómo descubriste que ese era tu propósito profesional?
Siempre sentí que la comunicación no se trata solo de hacer pautas, generar contenido o redactar comunicados. Desde muy temprano entendí que los comunicadores podemos ir mucho más allá: tenemos la capacidad de influir, generar conciencia y conectar a las personas con temas que realmente importan.
Durante varios años trabajé en el mundo del retail y del marketing digital, una etapa muy formativa en lo profesional. Aprendí estructura, estrategia y gestión, pero con el tiempo comenzó a aparecer un ruido interno. Me cuestionaba estar dedicándome a crear llamados —muy lindos y bien redactados— que finalmente invitaban a comprar, comprar y muchas veces a sobreendeudarse. Ese cuestionamiento fue creciendo lentamente, hasta transformarse en una pregunta más profunda sobre el sentido de mi trabajo y el impacto real que estaba generando.
Cuando llegué a Clínica Alemana fui muy feliz, porque comencé a desarrollar contenido educativo en salud en distintas plataformas, de manera cercana y simple, para que pudiera llegar a diversos públicos. Sentía que ese tipo de comunicación sí era un aporte concreto: informaba, orientaba y acompañaba.
Más adelante, cuando la directora de mi área, Elisa Valdés, me invitó a imaginar y proyectar el futuro de los operativos médicos de la clínica, entendí que no se trataba solo de sumarme a un proyecto, sino de co-construirlo desde sus cimientos. Era un desafío enorme, con muchas preguntas abiertas y mucho por aprender, pero también una oportunidad única de crear algo con verdadero impacto social. Me entusiasmó profundamente, aunque al mismo tiempo me enfrentó al miedo de salir de mi zona de confort: yo venía del mundo de la comunicación y este era un salto hacia un territorio completamente nuevo.
Fue en ese proceso donde el programa Somos Únicas tuvo un rol clave. Gracias a esa experiencia me sentí empoderada para transitar esta transformación con convicción y confianza. Ahí comprendí con claridad que mi propósito profesional estaba justamente en ese cruce entre comunicación, sostenibilidad y servicio a la comunidad: un lugar donde el trabajo deja de ser solo una función y se transforma en una forma concreta de aportar.
2. ¿Cuáles han sido los mayores aprendizajes y desafíos de articular alianzas entre el mundo privado y el público?
Uno de los principales aprendizajes ha sido comprender que el mundo público y el privado no son opuestos, sino distintos. Funcionan con dinámicas, tiempos y realidades propias, pero cuando existe un propósito común, esas diferencias no separan: se complementan.
En ese camino, el mayor desafío ha sido construir confianza. Entender que las alianzas no se activan desde la urgencia ni desde la lógica del “ir a ayudar”, sino desde el respeto, la escucha y el trabajo conjunto. Para que una colaboración sea genuina, es fundamental reconocer la experiencia del sistema público, su conocimiento del territorio y sus prioridades reales.
He aprendido que las mejores iniciativas no nacen cuando una parte llega con respuestas, sino cuando ambas se sientan a conversar, a levantar necesidades y a pensar soluciones de manera mancomunada. Cuando ese vínculo se construye con coherencia y continuidad, los resultados van mucho más allá de una acción puntual y se transforman en impactos concretos y sostenibles para las personas.
3. En estos once años en Clínica Alemana, has impulsado programas que contribuyen a reducir listas de espera y mejorar el acceso a la salud. ¿Hay algún proyecto o experiencia que te haya marcado especialmente por su impacto humano o social?
Más que un proyecto específico, me han marcado profundamente las personas. Detrás de cada operativo médico hay historias de espera, de incertidumbre y también de esperanza. Ver cómo una atención puede cambiar la vida de alguien que llevaba años esperando es algo que conmueve y deja huella.
He sido testigo de agradecimientos silenciosos, de miradas que lo dicen todo y de equipos de profesionales que entregan su tiempo con una vocación enorme. Es en esos momentos donde una entiende que el verdadero impacto no siempre se mide en cifras, sino en dignidad, alivio y tranquilidad para las personas y sus familias.
4. Tu trayectoria muestra una evolución desde la comunicación digital hacia la sostenibilidad. ¿Cómo sientes que esa mirada comunicacional aporta hoy a tu rol en sostenibilidad y compromiso social?
Mi formación en comunicación sigue siendo una herramienta fundamental en mi rol actual. Me permite darle un sentido humano a conceptos técnicos de sostenibilidad, acercarlos a un lenguaje claro y cercano y, sobre todo, poner siempre a las personas en el centro. Entender que detrás de cada estrategia, indicador o programa hay realidades concretas que necesitan ser comprendidas y respetadas.
Gracias al programa Somos Únicas, me atreví a dar un paso que venía postergando hace tiempo: reconvertirme profesionalmente y confiar en que podía construir un nuevo camino sin renunciar a lo que ya sabía hacer. No fue un cambio inmediato ni sencillo, sino un proceso de aprendizaje profundo, con dudas, miedos y mucha reflexión.
Hoy tengo el privilegio de dedicarme profesionalmente a una labor que dialoga directamente con mi propósito de vida. Haber logrado esa coherencia —entre lo que hago, lo que creo y lo que soy— ha sido una de las experiencias más significativas de mi trayectoria personal y profesional.
5. Has trabajado en empresas y agencias de alto reconocimiento en marketing y comunicación. ¿Qué aprendizajes de ese mundo corporativo aplicas hoy en la creación de valor social dentro de una institución de salud?
Mi experiencia en entornos de alta exigencia profesional me permitió desarrollar una forma de trabajo estructurada, con capacidad de planificación, visión de largo plazo y una gestión orientada a la efectividad y la mejora continua. Hoy esos aprendizajes son fundamentales para que las iniciativas de compromiso social no dependan solo de la buena voluntad, sino que cuenten con orden, proyección y continuidad en el tiempo.
Creo firmemente que el impacto social también debe gestionarse con el mismo profesionalismo que cualquier área estratégica. La diferencia es que aquí los resultados no se expresan únicamente en indicadores, sino en bienestar humano, acceso oportuno a la salud y en la calidad de vida de las personas.
6. También has sido docente universitaria por más de ocho años. ¿Qué te inspira de la enseñanza y cómo crees que las nuevas generaciones de comunicadores pueden integrar la sostenibilidad en su ejercicio profesional?
Siempre quise estudiar pedagogía, pero en el momento de escoger carrera no me permitieron inclinarme hacia la educación. Con los años entendí que la vida igual me dio ese espacio desde mi profesión como periodista y relacionadora pública, y busqué la oportunidad de enseñar desde la academia.
La docencia fue una experiencia profundamente enriquecedora, que hoy recuerdo con mucho cariño. Durante varios años pude acompañar procesos formativos, generar reflexión y compartir miradas con estudiantes, algo que marcó profundamente mi camino profesional. Actualmente no estoy haciendo clases, principalmente porque el trabajo en terreno y las responsabilidades de mi rol requieren hoy toda mi energía y dedicación.
Aun así, sigo creyendo en el valor de la enseñanza. Creo que las nuevas generaciones de comunicadores tienen una enorme responsabilidad: integrar la sostenibilidad no solo como un tema, sino como una forma de mirar el mundo. Preguntarse para qué comunican, a quién impactan y qué huella dejan con su trabajo.
7. La sostenibilidad suele asociarse a grandes metas ambientales, pero tú hablas también de sostenibilidad humana y comunitaria. ¿Qué significa eso para ti y cómo lo llevas a la práctica en tu día a día laboral?
Existe la idea errada de que la sostenibilidad se limita únicamente a temas ambientales, y no es así. La sostenibilidad no es solo una dimensión verde, sino una mirada integral que busca equilibrio a largo plazo entre las personas, los entornos y las decisiones que tomamos como organizaciones.
Implica comprender que no hay desarrollo posible si no cuidamos el planeta en el que vivimos, pero también los vínculos, el respeto por las personas, la salud y el bienestar de las comunidades.
Para mí, la sostenibilidad tiene justamente ese sentido: poner a las personas en el centro. En el trabajo cotidiano, esto se traduce en escuchar, respetar los territorios y diseñar iniciativas con propósito. No se trata solo de ejecutar acciones, sino de construir procesos coherentes, responsables y capaces de sostenerse en el tiempo.
Porque, al final, la sostenibilidad también habla de cómo convivimos: entre nosotros y con el planeta.
8. Tu biografía refleja una convicción profunda en el poder de las alianzas y la innovación social. ¿Qué sueños o desafíos te gustaría impulsar a futuro para seguir transformando realidades desde el compromiso social?
Mi mayor sueño es seguir fortaleciendo modelos de colaboración que demuestren que el trabajo conjunto sí puede generar cambios reales. Me gustaría profundizar el impacto de las alianzas público-privadas y consolidar programas que puedan replicarse en distintos territorios.
Mi desafío personal es seguir contribuyendo desde un rol que conecte propósito, estrategia y humanidad, sin perder nunca de vista por qué hago lo que hago.
Tal vez el desafío también pasa por atreverse a abrir nuevas conversaciones y preguntarnos: ¿por qué no invitar a más actores del mundo de la salud privada a sumarse, desde la colaboración, al desarrollo de iniciativas que aporten a reducir los tiempos de espera en la salud pública?
